En la literatura fantástica contemporánea, los encuentros entre seres mitológicos son cada vez más frecuentes. Sin embargo, esquivamos una pregunta esencial: ¿cómo se enfrentan los mitos sin que uno imponga su lógica al otro?
Este ensayo plantea cinco pilares éticos para abordar esos cruces desde una perspectiva decolonial. En vez de comenzar con teoría, lo haremos con una escena: un encuentro improbable en una ciudad familiar que pondrá a prueba las reglas de lo fantástico.
¿Alguna vez imaginaste a un dios azteca conversando con un elfo escandinavo? ¿O a un güije cubano peleando contra un orco de Tolkien?
En su búsqueda de originalidad, los autores de literatura fantástica recurren a los mitos. A menudo, esto implica el encuentro e incluso el enfrentamiento entre seres de especies y geografías distintas.
Pero existen límites, porque no basta con mezclar el panteón andino con un bestiario nórdico. Cada mito trae consigo reglas no escritas: su tierra, su historia, su alma. Respetar esa coherencia interna es lo único que dota de verosimilitud a un universo compartido entre un güije y un orco. Sin eso, el lector no se sumerge; se desconecta y pregunta: ¿Pero esto por qué?
Estas preguntas a menudo esconden algo más profundo que un fallo narrativo: son el síntoma de límites rotos, mitos despojados de su esencia para servir a jerarquías ajenas.
Te has preguntado en alguna ocasión:
¿Por qué los dioses africanos en American Gods requieren de un héroe blanco para poder actuar? [5]
Muchos teóricos han abordado este problema: El colonialismo en la literatura fantástica.
En 2017, el escritor y ensayista cubano, Juan Pablo Noroña abordó en detalle las denominadas contenciones, estas definen la coherencia y verosimilitud en la literatura fantástica. En su ensayo Paradigmas Perturbados [10], realizó la crítica a Darko Suvin, que en su obra Metamorfosis de la ciencia ficción, separó tajantemente la ciencia ficción del resto de los géneros fantásticos, en detrimento de los últimos.
Según él, Suvin despreciaba lo fantástico al tildarlo de irracional. Debido a que apelaba a un eurocentrismo hegeliano, que sitúa al pensamiento científico moderno por encima de los paradigmas míticos, a los que llama inferiores. El ensayista cubano también criticó la equiparación reduccionista entre perturbaciones físicas (magia) y sociales, ya que simplifica la complejidad de distintos fenómenos, ignorando sus diferencias esenciales.
Noroña propuso ampliar el extrañamiento cognoscitivo (tensión entre el texto y el paradigma cognoscitivo de la sociedad), donde el mito, la magia y la ciencia son perturbaciones igualmente válidas. Aunque para su uso, deben ser contenidas narrativamente.
Para él, esto no es solo un error de verosimilitud, es violencia simbólica. Bourdieu definió este concepto como una forma de poder invisible que opera sutilmente, al imponer una visión cultural dominante como natural y universal. En el contexto de la literatura fantástica, esta violencia se manifiesta cuando las mitologías colonizadoras se presentan como universales y superiores, lo que invisibiliza y subvalora a las mitologías de los pueblos colonizados. [2]
Noroña lo ejemplificó mediante dos cuentos de Cortázar, donde los sucesos fantásticos provocan perturbaciones: Carta a una señorita en París, donde el paradigma cognoscitivo debería ser la locura y Casa tomada, donde lo ominoso se limita al espacio. [10]
I – Encuentro en La Habana
Para entender este enfoque, viajemos a un encuentro en La Habana:
La brisa traía a cuestas el olor a salitre. En un callejón de La Habana Vieja, donde las farolas parpadeaban como estrellas borrachas, dos seres se encontraron de improviso.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Tezcatlipoca.
Inhaló el aire salado. Le recordaba a Veracruz, pero con tambores de santería lejanos que hacían vibrar su espejo de obsidiana de un modo diferente.
Era el dios azteca del trueno oculto y el espejo humeante. Sus plumas de quetzal resplandecían bajo la luz del farol, mientras una sombra de obsidiana a su espalda no cesaba de cambiar de forma.
—De vacaciones—respondió Eldrin, el elfo de los abedules helados—. Me imagino que también sea lo que te trajo hasta acá.
Sintió que la humedad le pesaba como un sudario ajeno, sin el canto claro de los arroyos de su bosque.
El ser nórdico caminaba como si aún pisara el musgo de los fiordos. El vapor de agua se arremolinaba a su alrededor como una neblina persistente.
Notó que su aliento, antes níveo, ahora se enroscaba como una enredadera, adoptando formas caribeñas.
Un niño que cruzaba de la mano de su madre se detuvo.
—¡Mamá, mira, el hombre plateado brilla! —dijo, señalando a Eldrin.
—Eduardito, ahí no hay nadie —respondió ella, sintiendo escalofríos, mientras le tiraba del brazo.
La humedad cubana deshacía poco a poco la escarcha de Eldrin.
—La magia no dura en estos muros, ni siquiera el frío de mi bosque —susurró.
Tezcatlipoca giró su cuchillo de obsidiana entre los dedos, y el reflejo de la luna brilló en las calles empedradas.
—Aquí manda la noche, extranjero —dijo, mientras una serpiente de jade se arremolinaba en su brazo—. No debes estar en nada bueno.
Pisó la sombra de Eldrin. La calle pareció oscurecerse bajo sus pies, como si La Habana respondiera a su presencia ancestral.
Eldrin desenfundó lentamente un puñal de hielo. Al hacerlo, gotas heladas cayeron al suelo y formaron breves runas que brillaron como cristales.
En el aire los vapores se retorcieron. Por un segundo, hasta las sombras y la escarcha parecieron contener el aliento, como si la ciudad misma aguardara el desenlace.
De aquí surgen varias preguntas:
1. ¿Los humanos pueden de ver la magia?
2. ¿Los seres mitológicos deben actuar como en su lugar nativo?
3. ¿Qué ser mitológico tendrá más poder?
Estas preguntas no son retóricas. Son la puerta de entrada a los primeros tres pilares que proponemos para un cruce respetuoso entre mitos:
1. Contenciones fantásticas: Mecanismos que limitan lo fantástico (espacio, tiempo o percepción).
Ejemplos en la escena: ¿Por qué el niño ve solo al elfo? ¿Por qué la madre no ve a ningún ser mitológico, aunque sienta escalofríos?
Este pilar es una herramienta narrativa aplicada a la literatura fantástica en conceptos como Geopolítica del conocimiento de Mignolo [9] y Fragmentación perceptiva propuesta por Rivera Cusicanqui [14]. Siendo además, el empleado por Noroña de forma exhaustiva en su crítica a Suvin. [10]
2. Mutación adaptativa: Cambios orgánicos que se operan en los seres míticos que se trasladan a nuevos contextos.
Ejemplo: ¿Podría el frío de Eldrin transformarse en vapor que dibuja símbolos antillanos?
La Creolización es un concepto que fundamenta este pilar. Fue formulado por Édouard Glissant y describe el proceso por el cual elementos culturales diversos se mezclan para formar algo nuevo, imprevisible y dinámico. No se trata simplemente de mestizaje o sincretismo, sino de una fusión creativa que da lugar a nuevas identidades, lenguas, prácticas y formas de vida. Se opone a la idea de una cultura dominante. [7] Cornejo Polar sugiere ideas similares para el contexto andino con el nombre de Heterogeneidad. [4]
3. Jerarquías horizontales: Evitar supremacías mitológicas injustificadas.
Ejemplo: ¿El poder de Tezcatlipoca se amplifica en tierras americanas, mientras el de Eldrin se debilita?
Las bases de este pilar pueden encontrarse el concepto de Ch’ixi, recomendado por Rivera Cusicanqui [12] y no es más que la coexistencia simultánea pero no fusionada de elementos opuestos: lo indígena y lo occidental, lo ancestral y lo moderno, lo oral y lo escrito.
II - Se complica la historia
Ahora volvamos a la escena:
—¿Podrían dejar de pelear?, ¡por favor!
Un chapoteo en el agua hizo que ambos tornaran la cabeza hacia un salidero cercano. De allí emergió Pedro, el güije.
—Tú solo eres una miserable criatura, ¿cómo osas interrumpirnos a nosotros, los poderosos? —dijo el elfo.
Eldrin hundió su puñal en el charco. El agua se cristalizó en estelas heladas… pero Pedro ya no estaba.
—¡Fallaste, orejas de burro! —se burló desde una tubería rota al otro lado de la calle. El agua había absorbido el frío nórdico sin inmutarse.
Tezcatlipoca lanzó su serpiente de jade hacia la tubería. Cuando llegó, solo encontró humedad.
—Oye, plumífero amigo —dijo Pedro, asomando de un tanque de agua ubicado en el balcón de una casa—. Ustedes no escarmientan. Pero tengo algo importante que decirles.
Tezcatlipoca observó el tanque. Sintió que las piedras bajo sus pies perdían fuerza: esta tierra hablaba español con acento aborigen, no náhuatl.
—¡Alimaña, conocerás las consecuencias de burlarte de Eldrin! —el elfo descolgó un arco que en su espalda apenas se veía.
—¡Solo conseguirás perder la flecha! —el dios sonrió— esa cosa conoce todos los pasajes. Además, parece que tiene algo que decirnos. Veamos que es.
—Habla de una vez, rata con trenzas —dijo el elfo.
Pedro sonrió y desapareció en el agua del tanque.
—Yo fui el que los mandó a buscar —el güije caminaba hacia ellos por la calle desde el otro lado.
Los dos seres miraron sorprendidos a aquel pequeño ser que se acercaba. Su piel oscura y trenzas revueltas hacían juego con sus pies descalzos, un short deshilachado y un pomo de agua colgando a bandolera.
—¿Para qué me llamaste a este horno? —preguntó Eldrin goteando agua de sus dedos.
—Tus eternos amigos los Orcos.
—Esos no son mis amigos —gruño el elfo.
—¿No sabes lo que es un sarcasmo?
—Sí, pero odio a esos caras de cerdo. ¿Qué tienes que ver con ellos?
El dios azteca miraba al güije y a Eldrin sin emitir palabra, solo escuchaba atentamente. Unos muchachos pasaron por el lado del güije sin verlos. Coreaban un reggaetón de moda que escuchaban de una bocina portátil.
Vamos a detenernos para analizar lo sucedido en este fragmento de la historia.
Aparece Pedro, el güije, es un ser mitológico característico de Cuba asociado a entornos rurales, específicamente a charcas, y actúa como protector de la naturaleza.
¿Qué hace en la ciudad?
Las causas podrían ser muchas. Desde desastres ecológicos que lo alejaron de su hábitat, hasta el cumplimiento de alguna misión, entre otras posibilidades. Son recursos a emplear por el autor.
Vean como muta, de charcas rurales, a moverse por salideros, tanques de agua y tuberías en la ciudad. Ha sabido adaptarse al entorno.
Este cambio no le resta fuerza; al contrario, lo vuelve táctico. El agua no es menos mágica en la ciudad, solo cambia de forma: se encierra en sistemas hidráulicos, se filtra en esquinas oscuras, mantiene el misterio en la cotidianidad.
Esto revela que el mito no muere en lo urbano; sobrevive mediante la transformación, pero sin perder su espíritu juguetón y protector. Pedro ya no resguarda la naturaleza virgen; ahora protege el equilibrio oculto en una ciudad que también respira, se inunda y se transforma. Este es un proceso de Hibridación cultural según la teoría de García Canclini [6].
En esta escena, también se cumplen los tres pilares que mencionamos antes.
Con el primero se logra sostener la lógica interna del mundo fantástico.
Pedro aparece y desaparece por canales no convencionales, pero esto no solo refuerza su vínculo con la ciudad —funciona como un dispositivo de contención—, sino que lo posiciona como un ser cuya lógica mágica no obedece a los patrones nórdicos o mesoamericanos. Ahora el güije manipula el espacio sin que nadie cuestione cómo. La magia no es absoluta ni universal, está contenida por la geografía y la cultura.
La frase: esa cosa conoce todos los pasajes remarca que el güije domina los umbrales del espacio sin necesidad de portales grandilocuentes. Su poder reside en lo oculto, no en lo visible. Lo fantástico existe, pero solo se deja ver según quién lo observa y desde dónde.
El segundo pilar, se nota cuando el agua absorbe el hielo sin congelarse. Esto implica que Eldrin debe adaptarse o perder efectividad. La escena sugiere que su magia necesita reconfiguración para operar fuera de su hábitat.
Pedro, el güije, es prueba viva de esto. Criatura de charcas rurales, ahora viaja por salideros y tuberías urbanas. Su esencia se mantiene —bromista, escurridizo, protector— pero su forma se adapta. El agua, lejos de ser un obstáculo, es su aliada líquida. La Habana no lo silencia: lo amplifica.
Incluso, la propia ciudad responde: las piedras perdían fuerza, La Habana respondía. Esto indica que el entorno también muta cuando lo mítico lo atraviesa —la ciudad se vuelve un personaje más dentro de la historia, que acepta o rechaza según el respeto con que se la trate.
Mediante el tercer pilar se observa que ningún mito domina por defecto, ya que el poder debe redistribuirse según el contexto.
Pedro cuestiona desde la marginalidad: llama orejas de burro al elfo y plumífero al dios. No lo hace desde la ignorancia, sino desde la irreverencia crítica. Estas burlas desarmantes nivelan la balanza sin violencia.
Eldrin pierde eficacia mágica en un contexto que no le favorece, mientras Tezcatlipoca guarda silencio: Pedro es quien marca el ritmo. Esto sugiere que ningún mito impone su poder, sino que la localización cultural redistribuye fuerzas.
La escucha como acto de respeto: el silencio de Tezcatlipoca y la atención que prestan a Pedro consolidan una jerarquía alternativa. No hay conquista, hay escucha. Y el que parecía menor revela ser el convocante.
Ahora podemos introducir una noción clave que complementa los tres pilares:
La eficacia narrativa no depende de la potencia bruta del mito, sino de su uso adecuado dentro del contexto.
Veamos:
- Eldrin posee magia de hielo, pero no logra congelar el agua caribeña.
- Tezcatlipoca tiene fuerza ancestral, pero no puede dominar un territorio que le habla en otra lengua.
- Pedro no se impone, pero se adapta, se desliza, convoca y desactiva la confrontación con astucia.
Esto no es solo una táctica narrativa; es un principio ético: el mito no debe someter al otro, sino actuar con conocimiento del entorno y sin romper la coherencia. Ahí surge una propuesta alternativa a la jerarquía tradicional: el poder útil es el poder contextual.
Lo planteado se hace necesario para cerrar el círculo ético. Ya que los tres pilares planteados regulan el encuentro entre mitos desde el sistema narrativo, apareciendo un cuarto pilar, al que definiremos como:
4. Competencia contextual: radica en que el poder mítico no se mide por su intensidad, sino por la capacidad de adaptarse al entorno, reconocer sus límites y operar con eficacia dentro de ellos.
Este principio a diferencia de los anteriores centra la atención no en la cantidad de poder, sino en su uso consciente y situado. En los cruces mitológicos, no gana quien impone su fuerza, sino quien comprende el terreno. El güije Pedro no tiene los recursos destructivos de Eldrin ni la fuerza simbólica de Tezcatlipoca. Pero conoce el lenguaje de las calles, el agua contenida en tanques oxidados, los gestos invisibles que hacen que La Habana se abra o se cierre.
Su poder no es menor: es diferente, táctico, y culturalmente eficaz. Y esa diferencia cuestiona una tradición fantástica donde el mito dominante siempre es el más visible, el más espectacular. Aquí, el poder reside en la discreción hábil, en la astucia territorial, en la capacidad de convocar y controlar sin necesidad de deslumbrar.
Como si dijera: no hace falta romper el muro si conoces la grieta.
Ese pilar resuena con los conceptos: Saberes tácticos de Santos [16] y Colonialidad del poder propuesto por Aníbal Quijano que describen cómo el legado del colonialismo europeo sigue estructurando las sociedades contemporáneas, incluso después del fin formal de la colonización. [12]
La aparición de este pilar implica que la confrontación entre mitos no debe medirse en términos absolutos de poder, sino por la pertinencia de su aplicación en cada escenario. Es ética de prudencia y percepción. Como ocurre en las artes marciales: el más fuerte no siempre gana, vence quien entiende mejor el terreno, el momento y el lenguaje del oponente.
III - Secretos bajo calles empedradas
Continuemos con la historia.
—Los orcos han llegado acá. Destruyen la naturaleza.
—¿Eso que tiene que ver conmigo? —dijo Eldrin—. Durante siglos han destruido mi tierra, era hora que se mudaran para otro sitio.
Pedro sonrió con tristeza.
—Pensé que ustedes sabrían lo que esto significa, pero pareces encerrado en ti mismo. Crees que los orcos se han olvidado de ustedes. Están preparando la ofensiva más grande de la historia.
El elfo hizo una mueca y giró para irse.
—Escucha al güije, me parece que esto es importante.
—¿Qué importancia puede tener que ataquen esta pequeña isla? Los mantienen ocupados y nosotros por primera vez tendremos paz y tranquilidad.
—Eso es lo raro, ¿qué persiguen con venir hasta acá? —dijo el azteca—. ¿No lo ves?
—¡Está bien!, termina de hablar enano. Este calor me altera.
—¿Qué no has dicho? —preguntó Tezcatlipoca, observando cómo las sombras del callejón se alargaban.
Pedro se ajustó el pomo de agua evitando que cayera. Su voz perdió la broma.
—Cuba parece una isla pequeña… pero bajo sus ríos secos y asfalto agrietado, yacen los Portales de Yúcahu.
Tezcatlipoca retrocedió como si lo hubieran golpeado. Eldrin frunció el ceño:
—¿Los portales? ¿Aquí?
—Sí, bajo la superficie —el güije pisó el asfalto—. Los crearon los espíritus indígenas cuando los españoles quemaron sus bosques. Son grietas que unen todas las tierras mágicas. Los orcos los descubrieron y pretenden usarlos para invadir todo lugar donde un mito respire. ¡El mundo entero está al borde de un ataque!
Tezcatlipoca extendió su mano: sobre su palma, un espejo de obsidiana mostró un posible futuro: elfos masacrados en bosques nórdicos, dioses africanos huyendo de ríos envenenados.
—Me diste una dirección hacia donde mirar, si no los detenemos, arrasarán con todo.
Eldrin palideció. Por primera vez, su mano tembló sobre el puñal:
—¿Por qué no los detienen los dioses locales?
—No tienen el poder de hacerlo. Conocemos nuestras limitaciones, pero los estamos retrasando todo lo que podemos. Esperamos ganar el tiempo suficiente para que su gente se prepare.
Eldrin golpeó la pared. El hielo de su puño se quebró contra el cemento, pero las gotas formaron runas caribeñas que brillaron como estrellas.
—¡No sé qué hacer! ¡Mi magia se derrite aquí y corre como lágrimas inútiles!
—¡No la usas como debes, solo tienes que adaptarte! —exclamó Pedro—. Tu hielo no congela el mar, pero podría tallar barreras en la humedad que conviertan los portales en laberintos. Tú —señaló a Tezcatlipoca—, tu obsidiana no asusta aquí, pero puede reflejar las rutas orcas para poder atacarles. Y nosotros… conocemos cada tubería, cada sendero, cada grieta por donde sorprenderlos. Cada cual puede usar lo que lo hace fuerte.
—¿Crees que es suficiente con nosotros para detenerlos? —preguntó Tezcatlipoca.
—No lo creo, no escatimarán esfuerzos para conseguir lo que desean.
—Entonces debemos marchar para traer ayuda. ¡Hay que detenerlos!
—No solo es traer ayuda, deben emboscar a los orcos en los portales. Si ellos consiguen apoderarse de los nodos, no pueden dejar que los usen.
Tezcatlipoca extendió su brazo. La serpiente de jade trazó jeroglíficos en el aire.
—Alertaré a Quetzalcóatl y a todos los que pueda. Regresaré lo antes posible. Esta no es tu guerra, elfo, ni la mía. Es de todos.
Eldrin asintió, golpeando su pecho con un puño.
—Los elfos pelearemos contra los cara de cerdo una vez más, pero no te equivoques, güije: no soy tu soldado.
—Ni yo tu general —rió Pedro—. Somos grietas en el mismo muro roto. Nada más… y nada menos.
Ambos seres desaparecieron en un torbellino de escarcha y sombras. Pedro saltó a un charco, pero antes de sumergirse, susurró hacia la noche habanera:
—Debo avisarle a Orula, esta parte del plan ya se cumplió. Ahora hay que empezar a cerrar la red.
Este último fragmento mostró porque el güije llamó a los seres mitológicos de otras zonas geográficas.
Los cuatro pilares mostrados hasta el momento siguen manifestándose, pero lo que ha ocurrido no es simplemente el cierre de una escena de acción. Es el surgimiento de una lógica distinta: ni Eldrin ni Tezcatlipoca actuaron por superioridad ni por algún deber ancestral. Lo hicieron porque comprendieron que solos no podrían frenar lo que se avecinaba. Por primera vez, la amenaza no los separaba como mitos enfrentados, sino que los convocaba como fuerzas complementarias.
Esto abre paso a un quinto pilar ético en los enfrentamientos entre seres mitológicos, un principio que no se impone desde la teoría, sino que nace del relato, y es:
5. Alianzas contextuales: cuando la amenaza supera el alcance de cualquier mito individual, los seres fantásticos deben colaborar sin borrar sus diferencias. La cooperación no es fusión ni obediencia, sino respuesta situada, proporcional y ética.
Pedro no les pidió que se unan para formar un nuevo panteón. Les pidió que respondieran juntos porque el peligro exigía algo más que poder: necesitaba coordinación. Eldrin suspiró, sí; pero accedió. Tezcatlipoca no dio órdenes; dio su palabra. Y eso basta.
La alianza no borra la raíz de cada mito. No obliga a que la escarcha funcione como obsidiana, ni que el agua se congele. Existe porque alguien supo leer el terreno —Pedro— y porque otros supieron escuchar, ceder, y asumir que la defensa compartida puede ser más fuerte que cualquier hechizo.
Este pilar completa el sistema ético que hemos venido construyendo. Porque lo fantástico no solo debe contenerse, mutar, equilibrarse y usarse con inteligencia. También debe saber cuándo aliarse, cómo hacerlo, y con quién, sin perder el alma.
IV - Claves decoloniales
El enfoque que presenta el texto es denominado decolonial.
Este es un movimiento que usa la fantasía para combatir las jerarquías culturales impuestas por el colonialismo. Sus objetivos son:
- Crear resistencia cultural, con vistas a defender las tradiciones propias frente a la homogeneización, recuperando por ejemplo a los mitos locales: Dioses aztecas, güijes cubanos, espíritus yoruba, entre otros, en lugar de elfos o dragones europeos.
- Denunciar la supremacía de los mitos de países colonizadores sobre los colonizados, reflejando lo que Bhabha [1] identificó como Estratificaciones culturales inherentes al discurso poscolonial.
- Crear identidades propias: Personajes que mezclan tradiciones sin perder sus raíces, como el Ch’ixi: concepto quechua-aymara desarrollado por Rivera Cusicanqui [14]. En el se expone cómo en las sociedades andinas conviven identidades culturales en tensión, sin fusión ni asimilación, procesos que ella describe como coexistencia de hilos contrastantes en una sola trama. Esta visión es esencial para la fantasía decolonial, porque permite imaginar personajes y mitologías que mantienen sus diferencias, pero interactúan sin borrarse, creando narrativas ricas y plurales.
- Cada territorio asume su identidad: La tierra deja de ser un escenario, para convertirse en un ser vivo con memoria.
Estos principios convierten lo fantástico en un espacio de negociación cultural, donde ya no hay mitos débiles, sino poderes situados.
Gracias al escritor y profesor Carlos Duarte comencé a estudiar la literatura decolonial, con el fin de incorporarla en mi práctica narrativa, pero descubrí que era necesario realizar ajustes. No porque la teoría fuera incorrecta, sino debido al alcance. Mientras que los teóricos utilizan estos saberes para realizar la crítica, yo necesitaba herramientas para llevar a cabo la escritura.
V - Lo que sucedió antes
Tanto Noroña, como otros autores decoloniales limitan los seres mitológicos a zonas donde según la tradición han convivido, por lo general zonas rurales (contenciones fantásticas). A la vez, critican que los mitos de los colonizadores no mutan si se trasladan a otras regiones (mutación adaptativa). Tengamos en cuenta estos elementos y analicemos lo que le sucedió a Pedro, diez años antes de que se encontrara con el elfo y el dios azteca en las calles de La Habana.
Ralph Bakshi (1978)
Pedro se abanicaba con una hoja de plátano. Estaba sentado en una piedra al borde de su charca.
—¡Qué calor hace acá por estos días! Hasta la charca solo es un charquito, si sigue así pronto no habrá agua.
—¡Orula! ¡Orula! —escuchó cantar a un pájaro del monte.
El güije se quedó pensando. Ese pájaro le había sugerido que viera a Orula, el orisha de la adivinación y la sabiduría. Él sabría qué hacer. Pero, ¿dónde? Entonces, recordó a un viejo santero que vivía cerca del camino, pegado al monte, en un modesto bohío. Sin pensarlo mucho se dirigió hacia allá.
Se asomó con cuidado a la puerta, no creía que el viejo lo viera.
—¡Pasa, Pedro!, no te quedes fuera.
Un anciano de pelo y barba muy blancos, con collares de cuentas amarillas y verdes lo miraba. Estaba sentado en una pequeña estera de fibras vegetales. Un brillo salía de aquel hombre. Pedro no dudó.
—Orula, ¿qué lo que le pasa a mi charca?
—Que solo es un charquito —respondió el orisha.
—No has dicho nada nuevo, ¿Pero, por qué?
—Los tiempos han cambiado. El agua que iba para tu poza, ahora marcha hacia una presa y el sol está terminando de secarla.
—Pero… —el güije sollozó— Malditos hombres, destruyéndolo todo.
—Ellos también necesitan el agua.
—Era mi casa, ¿ahora qué hago?
—Buscar una nueva.
—¡Como si fuera tan fácil! Cada día hay menos charcas y más marabú por todo esto. Además, me gustaba mi casa.
—¿Sabes lo que eran los dinosaurios?
—Te refieres a esos lagartijos que vivieron hace un montón de tiempo. ¿No me digas que volvieron?
—No, no volvieron, casi todos se extinguieron, pero todavía quedan algunos animales por ahí que descienden de ellos, por ejemplo las gallinas.
—¿Qué tienen que ver esos bichos conmigo y mi charca?
—Los dinosaurios no cambiaron y dejaron de existir. Las gallinas sí lo hicieron y por eso están todavía por ahí. Debes hacer lo mismo.
—¿Qué me crezcan plumas y, cacaree?
Orula sonrió.
— Tienes que adaptarte a un nuevo lugar.
—Donde hay otra charca, trataré de hacer una nueva casa, pero extrañaré la vieja.
—Te propongo algo —dijo el orisha, tocándose la barba— ¿Qué te parece si te trasladas a La Habana?
Pedro abrió su boca. Nunca imaginó que Orula le dijera aquello.
—La Habana, eso es una ciudad, llena de gente y ruidos molestos. Ni siquiera hay charcos.
—Charcos hay muchos.
—¡Imposible! No puedo mudarme allí. No debe estar hablando en serio.
—Los animales que viven son los que se adaptan, con los mitos ocurre igual. Por eso el hombre ha prosperado, ha sabido hacerlo.
—¿No puedo buscar otra charca?
—Tienes esa opción, pero no creo que sea duradera. En unos pocos años volverás aquí para buscar una casa nueva. ¡Piénsalo! En unos días me respondes.
Pedro salió del bohío, la cabeza le daba vueltas. Fue a su charca y la vio aún más pequeña. Decidió buscar un sitio por su cuenta, pero en cada lugar con agua a donde llegaba, ya estaban los humanos. Cuando estaba limpia era una presa, o un pozo, con visitas continuas y molestas. Otros lugares estaban apestosos y llenos de desechos.
Buscó y pensó durante varios días, hasta que decidió retornar al bohío. Allí Orula le esperaba, sentado en la estera como la vez anterior. Con la mano le hizo una señal para que se acercara.
—¡No deseo ser un dinosaurio!
—¿Entonces?
—Voy a probar lo que dices, pero necesito agua.
—Allá hay mucha, solo debes aprender a utilizarla.
A partir de ese día todo cambió para Pedro. No se convirtió en dinosaurio. Viajó a La Habana, se adaptó a los salideros, las tuberías, las fuentes, los tanques de agua y el bullicio.
Otra cosa: no fue el único.
La historia podemos resumirla con la siguiente frase: Si los mitos no son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones, corren el riesgo de extinguirse.
Además, si se exige que los mitos de los colonizadores deben mutar al trasladarse a regiones donde son comunes, ¿por qué no deben hacerlo los que han sido colonizados? Por lo tanto, las contenciones fantásticas deben variar, hay que respetar las características del ser mitológico, pero a la vez, deben cambiar, aunque no de forma arbitraria, tienen que adaptarse al entorno y la historia. La mutación adaptativa se convierte en un elemento bidireccional, aplicado a todos los seres por igual.
Estos pilares convierten las ciudades en seres con vida propia, donde las piedras y el asfalto respiran, y la magia brota por los grifos. Aunque no solo sucede con la ciudad, también abre espacios para la reinterpretación de la fantasía en espacios inimaginados.
Este proceso no es neutral: responde a la necesidad de revertir la violencia simbólica que históricamente confinó los mitos no europeos a roles subalternos o espacios rurales congelados. Permitir que un güije migre a la ciudad y negocie con un dios azteca y un elfo nórdico —sin perder su esencia, sino, adaptando su forma— es un acto político de descolonización narrativa.
Hacerlo no implica destruir lo conocido, sino adaptarlo con respeto, por ejemplo Pedro siguió siendo un ser bromista, relacionado con el agua, solo aprovecha lo que está a su alcance al cambiar el contexto. Esto no es folklorización: es supervivencia ética. Si no mutan, los mitos desaparecen.
VI - Reimaginar la narrativa partir de la descolonización
La teoría decolonial ha emergido como una corriente crítica que cuestiona las estructuras epistémicas, culturales y políticas heredadas del colonialismo. En este contexto, los cinco principios éticos constituyen una propuesta innovadora que dialoga con la decolonialidad desde el terreno de la narrativa fantástica. Veamos que aporta:
- Traducción creativa: Convierte teorías complejas (ej.: Colonialidad del poder y Ch'ixi) en mecanismos narrativos aplicables.
- Puente ficción-realidad: Muestran cómo lo fantástico puede ser laboratorio de descolonización (ej.: Alianzas contextuales como ensayo de coaliciones reales).
- Anti-universalismo operativo: Mientras la decolonialidad critica el universalismo abstracto, los pilares ofrecen alternativas concretas de representación.
- Salida: En vez de ensayos, políticas educativas y manifiestos, entrega herramientas para la construcción de mundos: reglas para magia situada y diseños de alianzas míticas.
- Público: En vez de dirigirse a académicos, activistas y educadores, lo hace a escritores/as de fantasía, creadores de mundos y artistas especulativos.
- Objeto de estudio: En vez de realizar el análisis de estructuras de poder reales (racismo, colonialidad), se dirige hacia sistemas simbólicos y narrativos (mitos, magia, seres sobrenaturales).
- Enfoque geocultural: En vez de hacer énfasis en regiones específicas (ej.: Andes para Rivera Cusicanqui, Caribe para Glissant), utiliza el diálogo transregional: Combina Ch'ixi (Andes), Creolización (Caribe), Cimarronaje (Afrodiaspora).
Si la literatura decolonial ha diagnosticado la enfermedad —el colonialismo en la literatura fantástica—, estos cinco pilares proponen una cura.
VII - Los mitos bajo la lupa
Hasta aquí, hemos cruzado calles, jugado con el agua, enfrentado al hielo y las plumas nos hicieron cosquillas. Anduvimos entre mitos que aprenden a escucharse y adaptarse. Pero esta ética narrativa no vive solo en historias nuevas. También puede servir como lente crítica para repensar las obras que nos formaron, que amamos y que nos dejaron preguntas sin respuestas.
La literatura fantástica tradicional construyó mundos memorables, pero también instauró silencios: razas elevadas y otras subalternas, magias absolutas y otras ignoradas, colaboraciones que no escuchan —que imponen.
¿Qué sucede cuando aplicamos los cinco pilares éticos a estas narrativas? No para censurar, sino para comprender cómo operan sus estructuras profundas: qué mitos sobreviven, cuáles se desvanecen, y por qué.
Elegimos cinco obras canónicas y contemporáneas a las que analizaremos brevemente por medio de los cinco pilares. Estas son:
- El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien.
- Las Crónicas de Narnia, de C.S. Lewis.
- Harry Potter, de J.K. Rowling.
- Percy Jackson y los dioses del Olimpo, de Rick Riordan.
- Akata, de Nnedi Okorafor.
El objetivo no es desmantelarlas, sino revelar qué mecanismos narrativos perpetúan jerarquías, y cuáles pueden ser transformados para generar relatos éticamente más conscientes. El resultado del análisis se resume en la tabla 1.
Tabla 1: Análisis de obras a partir de los cinco pilares.
| Obra | Pilar | Análisis |
| El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien | Contención fantástica (Se cumple) | La magia sigue reglas (los elfos pierden poder fuera del bosque, Gandalf no puede lanzar hechizos libremente). |
| Mutación adaptativa (No se cumple) | Solo se operan cambios en los hobbits, no así en el resto de los personajes. | |
| Jerarquías horizontales (No se cumple) | Existe por lo general una jerarquía vertical. Los elfos y los hombres nobles tienen más autoridad que los pueblos menores. Sin embargo, los hobbits —figuras marginales— salvan el mundo, lo que subvierte parcialmente el orden. Las razas inferiores como los orcos y los haradrim no tienen agencia, ni voz. | |
| Competencia contextual (Parcial) | Frodo y Sam triunfan no por fuerza, sino por resistencia, humildad y conocimiento del terreno. Aragorn, en cambio, necesita reclamar su linaje para ejercer poder. | |
| Alianza contextual (Parcial) | La Comunidad se une por necesidad, pero bajo liderazgo único. No hay horizontalidad ni preservación identitaria entre razas. | |
| Las Crónicas de Narnia, C.S. Lewis | Contención fantástica (Se cumple) | Tiene reglas espacio-temporales y perceptivas claras. La magia opera de forma distinta según la edad, fe, y entorno. |
| Mutación adaptativa (No se cumple) | Se adaptan mitos grecolatinos, pero para encajar en una narrativa cristiana dominante. No hay transformación cultural mutua. | |
| Jerarquías horizontales (No se cumple) | Aslan domina todo. Las culturas no cristianas son inferiores. No se distribuye el poder mitológico. | |
| Competencia contextual (No se cumple) | El poder depende de creer en Aslan. No se vincula al conocimiento local ni a tácticas situadas. | |
| Alianza contextual (No se cumple) | Las alianzas se subordinan a Aslan, borrando diferencias culturales. No hay Ch’ixi ni tensiones productivas. | |
| Harry Potter J.K. Rowling | Contención fantástica (Se cumple de forma limitada) | La magia está regulada por leyes, ministerios y edad. Los niños acceden a Hogwarts; los muggles la perciben parcialmente (relación entre muggles y magos poco clara). Hay reglas espacio-temporales claras. |
| Mutación adaptativa (No se cumple) | El mundo mágico se mantiene oculto y cerrado. No hay transformación de los mitos para adaptarse al mundo moderno. La magia es estática; los hechizos no cambian según contexto cultural. | |
| Jerarquías horizontales (Parcial) | Hay cuestionamientos de la jerarquía mágica (por sangre), pero el sistema general perpetúa estructuras verticales. Muchos seres son tratados de forma superficial o siempre son subordinados. | |
| Competencia contextual (Se cumple) | Los personajes triunfan por saberes tácticos y afectivos, más que por poder bruto. | |
| Alianza contextual (Parcial) | Las alianzas se construyen, pero suelen girar en torno a liderazgos morales centralizados (Dumbledore, Harry). | |
| Percy Jackson y los dioses del Olimpo, Rick Riordan | Contención fantástica (Se cumple) | Los dioses dependen de geografía y percepción cultural. Hay reglas claras del mundo divino. |
| Mutación adaptativa (No se cumple) | Hay modernización de los dioses (ropa, tecnologías), pero sus códigos internos no mutan con profundidad. Los dioses actúan como si todavía estuvieran en la antigua Grecia. | |
| Jerarquías horizontales (No se cumple) | Los dioses siguen mandando. Los semidioses obedecen. No hay redistribución ética del poder. Aunque en esa geografía existen múltiples mitologías, solo se representa la griega. | |
| Competencia contextual (Parcial) | Percy destaca por su intuición y conocimiento situado. El poder de los semidioses es táctico, pero el de algunos dioses no varía según el lugar. | |
| Alianza contextual (Parcial) | Hay cooperación entre semidioses, pero dentro de una estructura dominada por el Olimpo. No hay tensión creativa entre culturas. | |
| Akata, Nnedi Okorafor | Contención fantástica (Se cumple) | La magia es específica de la cultura Leopard. Opera según entorno, sensibilidad y memoria. |
| Mutación adaptativa (Se cumple) | Sunny, nacida en EE.UU., transforma y es transformada por los mitos africanos. La magia muta culturalmente. | |
| Jerarquías horizontales (Se cumple) | No hay supremacías culturales. Cada personaje encarna una forma de poder distinta y respetada. | |
| Competencia contextual (Se cumple) | El poder depende del saber situado, del territorio y de la comunidad. | |
| Alianza contextual (Se cumple) | El grupo coopera respetando identidades y códigos mágicos. Hay tensión Ch’ixi productiva. |
Del análisis se desprende que solo Akata, de Nnedi Okorafor, respeta plenamente la mitología bajo estos pilares. El enfoque colonialista es más evidente en Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis, mientras que las demás obras cumplen los criterios de forma parcial. Aunque no por ello se puede decir que son malas obras, sino que son hijas de su tiempo.
VIII - Conclusión: Lo sagrado entre las grietas
Después de recorrer portales agrietados, charcas secas y bibliotecas que murmuran entre líneas, queda claro que la fantasía no necesita más mitos dominantes. Necesita más grietas por donde se filtre lo diverso.
Las cinco obras analizadas mostraron tanto aciertos como silencios. Algunas conjuran lo conocido sin repensarlo, otras permiten que el mito se ensucie las manos, se moje los pies, se reinvente en entornos nuevos. Pero solo Akata parece comprender lo que Pedro, el güije, ya practica: que sobrevivir no es imponerse, sino adaptarse sin perder el alma.
Los cinco pilares no son mandamientos, ni recetas. Son brújulas. Ayudan a detectar cuando una historia escucha el entorno o simplemente decora con exotismo. Cuando un personaje coopera por necesidad ética y no por diseño de la trama. Cuando una ciudad respira magia sin pedir permiso.
Pedro no brilló como un héroe clásico. No voló ni dio discursos, no cambió el mundo con un hechizo. Pero hizo algo más difícil: aprendió. Y enseñó. Usó el agua como trinchera, la ciudad como mapa y la memoria como táctica. Su existencia prueba que el mito, para seguir vivo, debe dejar de ser monumento y volver a ser movimiento.
Que el lector no se quede esperando dragones que rugen desde torres medievales. Que empiece a buscar güijes que silban desde salideros oxidados. Porque ahí, entre la humedad, el ruido y los murmullos del asfalto, también brota lo sagrado.
Bibliografía empleada:
- Bhabha, H. (1994). El lugar de la cultura. Manantial. (Cap. 4: Signos tomados por maravillas).
- Bourdieu, P. (1977). Outline of a Theory of Practice. Cambridge University Press.
- Campbell, J. (1949). El héroe de las mil caras. FCE.
- Cornejo Polar, A. (2003). Escribir en el aire: Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas. Lima-Berkeley: Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar / Latinoamericana Editores.
- Gaiman, N. (2001). American Gods. William Morrow.
- García Canclini, N. (1995). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.
- Glissant, É. (1990). Poética de la relación. Barcelona: Editorial del Serbal.
- Lewis, C.S. (1950-1956). Las Crónicas de Narnia. HarperCollins.
- Mignolo, W. (2003). Historias locales/diseños globales: Colonialidad, conocimientos subalternos. Akal.
- Noroña, J. P. (2017). Paradigmas Perturbados. Revista Korad No. 27. Cuba.
- Okorafor, N. (2011-2014). Akata (serie). Viking.
- Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, 6(11), 1–27.
- Riordan, R. (2005-2009). Percy Jackson y los dioses del Olimpo. Disney Hyperion.
- Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores.Tinta Limón.
- Rowling, J.K. (1997-2007). Harry Potter (serie). Bloomsbury.
- Santos, B. de S. (2007). Epistemologías del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. Siglo XXI Editores.
- Tolkien, J.R.R. (1954). El Señor de los Anillos. George Allen & Unwin.
- Walsh, C. (2007). Las geopolíticas del conocimiento y colonialidad del poder. Polis, Revista Latinoamericana, (60), 58–63. Disponible en Redalyc.
¿Te apasionan la ciencia ficción, el terror, la fantasía y todos los géneros populares? En El Laberinto del Minotauro seguimos explorando libros, autores e historias que merecen ser descubiertos. Si quieres apoyar nuestro trabajo y ayudarnos a seguir creando contenido cultural independiente, comparte nuestros artículos y acompáñanos en redes sociales. Síguenos en Instagram para no perderte nuestras próximas publicaciones, recomendaciones y novedades.

