Yo no sirvo para mantener la calma
    Cuando la luna proyecta en la distancia el ombligo de un recuerdo.
    Una esfera que danza sobre un charco de licor en llamas,
    el eco de una risa asustada como augurio de un lento amanecer.

    Yo no sirvo para dejar amarrados mis pies,
    Y que el destino se lleve la curva de un cuerpo amado hasta otras rutas.
    Dejar que mis manos olviden las palpitaciones de una carne
    Que se eleva como aves asustadas por la tormenta.

    Yo no sirvo para abrir los oídos
    Si de unos labios sucios explotan palabras de odio.
    Mi calma es la tremenda corona que flota sobre mí
    Después de que la vida deja suspendidos en la espera los sueños.

    Yo no sirvo para que mi cabeza abandone,
    Si agolpado de vivencias se ha unido otra historia con la mía.
    Se queda mi vida sin pedirme nunca permiso en la constante escritura
    De lo que siempre quise y finjo no querer ahora.

    Carlos Andrés Pérez De Ávila

    Foto de portada tomada de la obra de Man Ray.

     

     

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