En la historización del concepto de Modernismo Pulp, bosquejado por el filósofo británico Mark Fisher (aunque nunca sistémicamente, siempre de manera fragmentaria y buscando avanzar por aproximaciones, cayendo, posiblemente, en algunos vicios euro-centristas) es imposible no detenernos a pensar en la predominancia de la música como punto de partida para la concepción teórica de esta categoría.
Podríamos asociar, casi directamente, tanto al modernismo, como al pulp, a campos exclusivamente literarios, sin embargo, el Fisher crítico de rock (uno de los muchos Fishers posibles que habitaban en él) encontró más elementos en la música británica pre-tatcheriana, que, en cualquier otra disciplina, al momento de definir los contornos de esta idea.
Empezar a pensar en la música de The Fall, en especial el periodo que va de su fundación hasta el año 1982 (tomando con referencia el disco Grotesque) es el corazón de la revisión etimológica a la que el escritor argentino Juan Mattio —Tres veces luz, Materiales para una pesadilla, La Sombra de un Jinete Desesperado—, nos invita:
“El ensayo más importante para poder pensar esto está en k-punk, y está en relación a una banda inglesa: The Fall, que él piensa que es una expresión de esto que él está buscando. Esa banda juntaba el sonido del postpunk, que en ese momento era una ruptura para la escena musical, con letras donde se dejaba ver cierto imaginario gótico o de terror. Él ve ahí una síntesis de, por un lado, una forma musical arriesgada y, por otro, un imaginario literario reconocible, para quien escucha sus letras. Partiendo de que la música era el lugar donde Fisher mejor entendía muchas cosas, porque él era principalmente alguien que escuchaba música y que en algún momento produjo música, y, además, era un crítico musical muy bueno. Creo que le costaba un poco más reflexionar a la hora de pensar a la literatura, pero, sin embargo, el concepto “Modernismo Pulp” junta dos términos que vienen de la tradición literaria.”
Los textos en los que el Modernismo Pulp aparece algo desarrollado son varios: “El cuerpo, un amasijo de tentáculos”. Lo raro y lo grotesco: The Fall, Memorex para los Krakens: el modernismo pulp de The Fall. Test Dept: donde confluyen el idealismo de izquierda y el modernismo popular, por citar algunos.
Retomando, lo interesante es que serían dos bandas de post-punk británico las que le darían a Fisher la base ideológica para terminar encontrando el concepto modernismo popular: The Fall y The Jam.
La manera en que Fisher leyó el fenómeno The Fall como vanguardia artística de la clase obrera británica, es decir, una banda profundamente experimental en la forma y abiertamente popular en el alcance de su contenido (formalmente sofisticada y capaz de conectar, al mismo tiempo, con el nervio popular), tanto como la mirada que desplegó al respecto de The Jam (y en especial sobre la poética de su líder, Paul Weller), llevan a pensar en la conjunción:
Clase obrera británica / Géneros populares masivos / Pretensión formal rupturista y renovadora.
Como señalamos, en el sentido estrictamente económico, Fisher asocia el modernismo pulp a un tipo de vanguardia llevada adelante por un sector de los hijos de la clase obrera británica, influidos por aquel icónico show que los Sex Pistols brindaron en el Lesser Free Trade Hall de Manchester, Inglaterra (una presentación determinante para la creación de bandas posteriores como Joy Division, The Fall, The Smiths o los Buzzcocks). El punk rock, atravesando el umbral de lo que se llamó art-rock.

Nos acercamos al carozo del asunto. La pregunta oportuna para comprender mejor al modernismo pulp encarnado en la música británica es, entonces ¿qué fueron el modernismo y el pulp en la literatura? Mattio la responde así:
“El modernismo es ese momento de la lengua inglesa, sobre todo, que reúne a autores como: Virginia Woolf, Katherine Mansfield, James Joyce, William Faulkner. Todos ellos están trabajando con permanentes rupturas y riesgos formales para poner en crisis la forma novela. Forma que heredan del siglo XIX. La novela decimonónica, digamos. Lo que Fredric Jameson llama la acumulación primitiva de la novela. El modernismo entonces puede pensarse como una manera de romper con lo que había hecho Balzac, lo que había hecho Tolstoi, lo que había hecho Flaubert. Estos autores empiezan a trabajar con ese material para deformarlo, para romper sus propias reglas. Al mismo tiempo, en los años 20, pero en Estados Unidos, aparece el pulp, que es un tipo de literatura que circula en revistas muy baratas, casi para comprar, leer y tirar. Ahí se desarrollan los imaginarios del terror, de la ciencia ficción, de la novela negra, incluso del cómic. Podemos pensar a H.P. Lovecraft como un autor que nació y desarrolló su arte en el ojo del pulp. Es una literatura profesional, es decir, que está muy ligada al dinero que los autores podían ganar vendiendo cuentos o novelas por entregas. Pero que, de alguna forma, esa relación con el dinero hace que sean menos arriesgados en términos formales, aunque muy desbordados en su imaginación”.
The Fall o The Jam, entonces, podrían leerse como la forma en que la cultura popular encarnada por los hijos de la clase obrera inglesa pre-neoliberal, aunque ya posindustrial, respondieron a la lectura de las propuestas del modernismo literario, y la literatura difundida por entregas en formato de folletín en las revistas de papel de pulpa (conocidas fundamentalmente por el desarrollo de los mal llamados “géneros menores”, horror, ciencia ficción, western, noir, etc.).
Hasta acá Fisher y su concepción del modernismo pulp estarían desentrañadas. Pero: ¿Qué pasaría si quisiéramos verificar las condiciones de posibilidad de un Modernismo Pulp latinoamericano? Si lo que buscáramos sería rastrear ciertas posibilidades de desarrollo de un tipo de formato pensado por y desde Gran Bretaña a Argentina, Uruguay o Colombia, por ejemplo.
El principal obstáculo para pensar al modernismo pulp desde Latinoamérica, nos señala el escritor uruguayo Ramiro Sanchiz —Verde, Posthumanismo Sónico, Matrix Acelerada, Krautrock—, es reconocer que la idea de una clase obrera haciendo rock de vanguardia en diálogo con las ideas de Faulkner o Joyce, mezcladas con el sonido de los Sex Pistols y la música electrónica Avant Garde es un fenómeno de extrema especificidad británica.
No hay (al menos no calcados), ejemplos latinoamericanos de hijos de la clase obrera de finales de los 70 y principios de los 80 que puedan dar cuenta de experiencias similares. Yendo al grano, las grandes bandas de post-punk de Argentina (por poner un ejemplo de un país con una gran tradición en el rock and roll): Sumo, Patricio Rey y sus redonditos de ricota o Virus, no estaban conformadas unívocamente por hijos de la clase trabajadora. Sí por intelectuales de clase media, o media alta, hijos de familias patricias que, habiendo renunciado a sus herencias, se incorporaron a la cultura rock, o, tal vez el caso paradigmático, inmigrantes europeos que en su raid de desintoxicación, llegaron al país para abandonar la heroína y fundar un género en sí mismo (Luca Prodan).
Lo más cercano a un hijo de la clase obrera de aquel entonces podría ser Carlos Alberto “Indio” Solari, cantante y compositor de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, hijo de un empleado del servicio de correos nacional en la década de los 40 y 50, posteriormente despedido como consecuencia de un sangriento golpe de estado perpetrado contra quien, hasta el momento, era el jefe de estado en Argentina, el General nacionalista e industrializador, Juan Domingo Perón.
No existen, en sí mismas, experiencias puramente integradas por hijos e hijas de la clase obrera en el país, hasta muy entrada la década de los 80. Tal vez ésta sea la principal dificultad a la hora de intentar pensar, en situación, al Modernismo Pulp Latinoamericano.

Oscar Masotta y su concepto de literatura dibujada como un intento primitivo por darle estatura académica y reconocimiento al cómic, pueden ser, una manera de poder ingresar a la especificidad de un modernismo pulp latinoamericano.
La tradición argentina de grandes académicos asociados a la investigación de “géneros menores”, que incluyen a la figura de Masotta, tanto la gran cantidad de artistas plásticos y escritores latinoamericanos, nos puede hacer pensar tanto en Héctor Germán Oesterheld, Rodolfo Walsh (¿no reúnen, acaso, sus novelas de no ficción o cuentos como “Fotos”, todos los elementos del Modernismo Popular?), como en el uruguayo Alberto Breccia (tal vez el ejemplo, por excelencia, del Modernismo Pulp orientado a la imagen, un artista de la historieta que dialoga con la cultura pictórica universal del arte de todos los tiempos, pero volcada a su campo de acción: las viñetas), a la hora de buscar antecedentes históricos para pensar la pre-historia de un posible modernismo pulp latinoamericano, que difiere de las condiciones económicas que, en Fisher, dieron origen al concepto.
La idea de pensar a las historietas como literatura dibujada es una idea que precede a la aparición histórica del post-punk, sin embargo, puede engarzarse de manera muy natural con la noción de Modernismo Pulp. El diálogo de las altas formas de la cultura universal, transpuesto a un marco formal de divulgación masiva, que, al mismo tiempo, conecta con un tipo de público de masas y popular que accede a formas del arte menos sofisticadas que las fijadas por el canon artístico modernista clásico, sin duda son un espejo donde puede pensarse el modernismo pulp latinoamericano. Si es que existen condiciones de posibilidad para poder pensar desde América Latina algo por el estilo.




Actualmente, la producción artística latinoamericana ha dado un interesante giro de diálogo con la Nueva Ola de la ciencia ficción y las temáticas de la colonización, las dictaduras, el neoliberalismo, el horror corporal y el gótico, y diversas corrientes literarias y cinematográficas que han encontrado su eco en la denominada nueva ficción extraña o new weird.
En esta dirección podemos pensar a la novela de Juan Mattio, Materiales para una pesadilla, como uno de los mejores hijos de su época (uno que puede ayudar a pensar al modernismo pulp latinoamericano realmente existente).
Yéndonos más atrás y pensando en el post-punk argentino, Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota ha construido una discografía pensando en los grades relatos, el método mítico, y en nuevas formas narrativas incorporadas a la tradición sonora del post-punk (Oktubre, por ejemplo, dialoga con la historia de la Revolución Rusa), la new wave (Un baión para el ojo idiota, se escucha como las variantes posibles entre el Rock and Roll californiano y la escena británica de Manchester), la sampledelia (MomoSampler, que incorpora en los tempranos 2000 composiciones realizadas a partir de miles de samplers, a la manera del Endtroducing de DJ Shadow), el metal industrial (Ultimo bondi a Finisterre, donde podemos ver el claro giro narrativo gótico cyberpunk argentino rodeado de trip-hop o de canciones influidas por Trent Reznor o el Earthling de Bowie), en universos de 3 a 5 minutos, el clásico formato canción.

Una formación que, a pesar de su sofisticada concepción del arte, y de una precisa lectura política y un contenido estilístico, en sus letras, digno hijo del modernismo literario, ha conquistado a las grandes audiencias, registrado récords de asistencia históricos en sus conciertos en Argentina.
En el caso de Colombia, es imposible no destacar la obra de Luis Carlos Barragán Castro, que se adapta perfectamente a las descripciones formales, estéticas y también las económicas que describió Fisher a la hora de pensar el modernismo pulp latino.
Sin duda todo concepto teórico deberá ser pensado en situación, es decir, adaptado a las lógicas culturales, las tradiciones (ya sea en línea de ruptura o de continuidad histórica) o simplemente a la manera del desarrollo económico y cultural de cada región, pero existen algunos hilos desde los cuales tirar para tejer un Modernismo Pulp posible en América Latina.
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