Título: Altasangre
Autora: Claudia Amador
Editorial: Laguna libros/Mirabilia
Año: 2025
Páginas: 212
Altasangre es una novela que se siente como teatro. No como leer una obra de teatro, sino como ver, escuchar o sentir la puesta en escena de esta obra, y no cualquier puesta en escena, de cualquier obra, sino de esas a las cuales uno se mete sin saber que esperar, casi por accidente, para después salir con un único pensamiento: “Menos mal que me vi esta vaina porque si no, nunca hubiera experimentado todo esto y, sin saberlo, me haría falta”.
Es una novela de vampiros que se distingue de muchas obras vampíricas por no hablar ni de un romance entre un humano adolescente y un vampiro milenario (pero guapo), ni de la lucha de humanos buenos y heroicos contra bestias malvadas. Los vampiros de esta versión ficcionalizada de la costa Caribe de Colombia tienen poca conexión con los vampiros europeos con “olor a guardado” que vienen como turistas en épocas del carnaval, creyéndose gran cosa por su piel pálida y su linaje aristocrático. Los vampiros costeños son monstruos hambrientos que bailan y gozan y desangran, son jóvenes que se quieren liberar de un destino impuesto por sus abuelas, ancianas que se enfrentan a la vejez y a la muerte a su manera.

Se lee como un homenaje al carnaval, a la libertad temporal de ser lo que se quiere ser, de retar al poder, esta suspensión del orden en favor del caos y del goce, como un homenaje a la música del Caribe y a sus ritmos, tan bien desglosados que se pueden escuchar al leer. Se lee como una carta de amor al chisme, como un único chisme épico, sobre vampiros, dioses, y diablos, y sobre conflictos filosóficos y de generación.
También se lee como una crítica a una política que quiere solucionar todo echando cemento y cortando árboles, y para la cual las festividades no son sino otra herramienta más para controlar las masas, una crítica a un mundo donde a los desaparecidos nadie los busca, y los senadores no sirven sino para ausentarse.
El Caribe del libro, por muy fantástico que parezca, con su fábrica de sangre aguada para las masas (Sanguina), y sus diablos dueños de discotecas, es un Caribe muy cercano al no-ficcional, poblado de gente que habla como la gente habla y sufre de los mismos males. Es un lugar en el cual la muerte no siempre es el final, donde brujas turbaqueras se comunican con espíritus serpentinos, y los mismísimos dioses se enfrentan en partidas de dominó para decidir el destino de los personajes. Pero hasta en este Caribe, persisten la desigualdad, la corrupción y la complicidad de los grandes medios de comunicación que más bien parecen propagandistas de las familias poderosas.
Dirán las malas lenguas que no les he contado nada de la trama y que esto no es una reseña. Y, como se darán cuenta al leer el libro, a veces las malas lenguas tienen razón. Esto no es una reseña, es una recomendación: ¡Léanse el libro!
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