“El primer caso se vio en vísperas del año nuevo. La presentadora de farándula, Gina Rengifo, vestida con un atuendo de cuero negro, tacones altos y la mascarilla VQ3000…”, dice la actriz en escena cuando las luces se han encendido. Después pasará a relatarnos cómo esa presentadora va a caer fulminada por un ataque de risa. Y así, vendrán otros casos, ambientados por un clima sofocante en el que aquella narradora resiste para contarnos lo que viene ocurriendo con las mascarillas en una sociedad enrarecida, sofocada en su propio rostro. Pensamos entonces que el gran hermano se hizo magnate farmacéutico y moldea a los ciudadanos en función de su producto. 

#PRIMERODIOSDESPUESLAMASCARA no es solo un hashtag o el primero de los tres cuadros de Traviata, obra de Andrea Soto, que se presentó por primera vez durante el 2021, en Cali. También es un lema y, sobre todo, un mandamiento; es todo aquello que engloba lo que ocurre en escena. Es una pieza que toca los acontecimientos de los últimos tres años más allá del morbo distópico o de la impresión inmediata que nos causaron cosas como el encierro, el distanciamiento entre personas y las mascarillas, a las que poco les faltó para entronarse en una dictadura sanitaria. Pues bien, esos elementos son llevados al extremo en las tablas. Este primer cuadro, jalado por una sola actriz en escena, se nos muestra como una ficción compuesta por todas esas sospechas que cualquier persona inteligente tuvo durante y en el pos de la pasada pandemia.

Los elementos de estética cyberpunk del montaje, nos han permitido ver una pieza que va más allá del tópico a veces cansino de la autoficción o de la devoción por el realismo, a la vez que permiten que nos encontremos frente a un relato orwelliano llevado a las atmósferas de Philip K.Dick. Aquí las luces entran y se convierten en personajes, igual que los sonidos o vestuarios y escenografía; son elementos que no están para ilustrar o sobre  explicar escenas, son los que componen un microcosmos distópico. Por otro lado, emociona ver cómo el teatro colombiano también se abre a las especulaciones derivadas de la ciencia ficción y que como se dice en la calle, no come cuento cuando dicen que este es un género posible solamente para las ficciones del primer mundo.

Las dramaturgas que viven en países y realidades de por sí distópicas, están tan capacitadas como los demás para saber cuando el estado normativo de las cosas obedece a intereses particulares. #PRIMERODIOSDESPUESLAMASCARA no es una obra fácil de encontrar en el teatro colombiano y allí radica una de sus características más emocionantes, como tampoco lo era Bogotá en el año 2000, ese primer relato de Ciencia Ficción escrito por Soledad Acosta en 1905 y que inaugura el género de ciencia ficción en el país. Aquí hay teatro cyberpunk escrito desde Colombia, como había ficción especulativa a principios del siglo pasado y depende de muchos de nosotros comenzar a mirar un poco más hacia acá.