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Generaciones en disputa. Comentarios sobre Días así de Raymundo Gomezcásseres

expansión y desarreglo de la personalidad,
fantasmas en las calles y en el alma—es la
atmosfera que nace de la sensibilidad moderna.

Berman

 

 

Dos de los personajes más enigmáticos de la literatura colombiana fueron inventados por Raymundo Gomezcásseres en la novela Días así, publicada en 1994. Uno de ellos es Xanfran, un joven artista plástico que se atreve a matar a una persona para consumar lo que él considera su obra maestra.

El otro personaje es Celeste, a quien vemos en la novela asumiendo “roles femeninos” o “roles masculinos”, según sus circunstancias. Es claro que se mantiene más allá del género, y ninguna de esas dos “categorías” extraen de ella una “esencia”, pues permanece inasible y su identidad se difumina al bordear sus abismos psicológicos. La vida de Celeste está signada por una condición que hoy los médicos llaman intersexualidad, y que antiguamente se conocía como hermafroditismo.

Cuatro jóvenes más integran el grupo de protagonistas: Ely, que tiene un romance con Ymmy, y Mara que tiene uno con Máximo. Los hechos narrados en la novela ocurren a finales de la década del setenta, la mayor parte de ellos en Bogotá, en medio de disturbios sociales llenos de brutalidad estatal, y de fiestas marcadas por los excesos y el desencanto.

Días así, se ajusta a lo que la crítica literaria colombiana ha entendido como “novela urbana”. Han pasado casi treinta años desde su publicación, pero su vigencia parece renovada, precisamente por la potencia poética de sus símbolos, y por la maestría con la que describe los episodios donde se evidencian la corrupción de las instituciones y la violencia del poder.

En 2009, en el prólogo a la segunda edición de Días así, Wilfredo Vega dijo que la obra tiene como isotopía “la derrota del hombre[1] en la ciudad”. Escribió que, “a pesar de los espejismos y los refugios artísticos, los jóvenes heredarán el sinsentido de la vida”. Esa interpretación se enfila con una tradición intelectual que cuestiona el proyecto de la Modernidad, asumido como un paradigmático fracaso.

Dos de los protagonistas, Mara y Ymmy, viajan desde sus respectivas ciudades/provincia para hallar en la ciudad capital la educación, la cultura, y, en suma, el progreso prometido. Pero, más allá de eso, encuentran el lugar de los abusos del Estado, el lugar del cinismo y la crueldad multiplicada: “el fracaso de la nación”.

Gomezcásseres narra con una tremenda fuerza expresiva los terribles enfrentamientos que ocurrieron en mayo de 1978, cuando los agentes del Estado intentaron ingresar en la Universidad Nacional, y cayó muerto el estudiante Patricio Silva, con una bala del ejército incrustada a la altura del hígado.   

Si pensamos en algunas de las novelas publicadas en nuestro país a finales del siglo XX— ¡Qué viva la música! (1977), Sin remedio (1984), o La virgen de los sicarios (1994), —encontramos obras que representan crudas radiografías de esos conglomerados urbanos[2]: Cali, Bogotá, Medellín. En paralelo, exponen los dilemas existenciales de unos habitantes de esas ciudades, y puede verse en ellas un conflicto de identidad ciudadana, y por extensión uno de identidad nacional.

A su vez, Días así ha sido leída por Rómulo Bustos como “una reflexión global sobre el fenómeno de la sociedad colombiana”. También, en un artículo publicado en 2007, le apuntaba a descifrar en esa novela simbolismos cabalísticos: el mal y el bien puestos en una profunda dimensión mitológica.

Xanfran representa la manifestación de unas fuerzas destructivas, y en gran medida, de la maldad. Paradójicamente, cuando más atroces resultan sus actos, él se pretende en plena expresión creativa. Este personaje, heredero de una familia rancia en el poder, lleva una carga fáustica que lo supera.

Portada de la primera edición de Días así (1994).

A propósito de Xanfran, Gomezcásseres dice:

(…) su formación en un hogar al que había llegado a odiar visceralmente. El poder que su padre tenía como hombre de fortuna y posición política se sentía con toda su barbarie en aquella laberíntica, casi olvidada mansión de cuarenta habitaciones donde pasó su infancia (…)[3]

Al igual que Raskólnikov, Xanfran se convence de una cierta superioridad que lo pone más allá de la moral. Ambos asesinan con el pretexto de los grandes fines y luego se hunden en su culpa/condena; parias de la sociedad y de sí mismos.

Xanfran es uno de esos personajes en nuestra literatura que representa la pugnacidad de las generaciones: tensión entre lo que se considera joven y lo que se entiende por decrépito. En los hechos, los seis protagonistas son herederos de Mayo del 68, y los impulsos destructivos de Xanfran se dirigen contra la familia, la propiedad y el Estado. Pero también contra la belleza y lo divino. De allí que Rómulo Bustos lo clasifique como un anarquista, y lo identifique con lo que llama “el discurso de la muerte”.

En algún momento Xanfran llega a exaltar lo ocurrido en El diario de la guerra del cerdo (1969), donde grupos de jóvenes organizados en Buenos Aires, empiezan a matar a los viejos, por la razón de ser viejos. Extrañamente, su papel en la compleja economía de significados de Días así, se concreta con el homicidio de Celeste. Esta última se convierte en una víctima propiciatoria. Su verdugo, perturbado por las “presencias” en su cabeza, confiesa:

(…) Entonces yo escuché la voz de la sombra y sentí ese cataclismo interior y solo vi sus manos [las de Celeste] cerrándose suavemente.

(…) No era un ser humano. Ni hombre ni mujer…Algo así como una obra divina, y yo la destruí.

Xanfran, a su modo, repite a Dorian Gray o a Des Esseintes. Estos personajes decadentes se parecen en su empeño por “lograr la total afinad entre la vida y el arte: redactar con la propia experiencia una estética”[4].

Días así ha sido leída resaltando los posibles significados sociológicos que hay en sus páginas. En el homicida de Celeste se expresa la llamada “antinomia temporal” de la posmodernidad. Según Mark Fisher, el capitalismo tardío tiende a la configuración de una cultura “incapaz de generar novedades auténticas”, “excesivamente nostálgica”[5].

Cuando todo se somete al perpetuo cambio de la moda y a la imagen en los media, nada puede cambiar ya nunca más. [6]

Tal vez el vacío de Xanfran es la contrapartida de un sistema determinado por el capital, que produce sus ciudades enfermas: él dice: “desearás largarte para no poner dinamita en todos los rincones”. En la opinión del mismo Fisher, ese capital es un “parásito abstracto”, “un hacedor de zombis”.  

◊◊◊◊

En uno de los pasajes donde Gomezcásseres explora la psiquis de Celeste, mientras ella atraviesa Bogotá a bordo de un bus, la narración nos cuenta sobre la manera en la que percibe el mundo este personaje:

Su mente en blanco, un espejo en el que fugazmente se reflejaba la porción de realidad exterior que le llegaba a través de la ventanilla del vehículo en movimiento. No procesaba ningún dato, simplemente lo registraba y un metro más adelante su lugar era ocupado por otro (…)

La realidad de Celeste funciona como una “serie de presentes puros en el tiempo, desconectados entre sí”, por eso considera que el futuro es una ausencia. Va por la vida padeciendo una mortal “crisis de sentido”. A esto se suma, que en sus circunstancias sufre una ambigüedad biológica, además, sufre la ansiedad de que se revele su “secreto”.  

Cuatro años antes de que se publicara Días así, en 1990, Judith Butler había publicado El género en disputa, preguntando incisivamente:   

¿Cómo se delimitan los contornos del cuerpo en tanto terreno o superficie incuestionados donde se circunscriben los significados del género (…)?[7]

◊◊◊◊

Luego de desintegrado el grupo de los seis, con Ymmy unido a una guerrilla, con Xanfran en las calles rebuscando en la basura, Mara vuelve a su hogar en Cartagena. Ella es la última testigo, la que trata de descifrar en medio de lo onírico el enigma de los acontecimientos. 


[1] Entiéndase “humano”.

[2] Bello animal, escrita por Fanny Buitrago, fue publicada en 2002. Ambientada en una Bogotá que permite a la autora exponer las relaciones mafiosas entre el arte, la publicidad, la industria y el poder en Colombia.

[3] Raymundo Gomezcásseres, Días así. Editorial Universidad de Cartagena. 2009

[4] Rafael Moreno-Durán, De la barbarie a la imaginación. 2002

[5] Mark Fisher, Realismo capitalista. 2020

[6] Frederic Jameson, Las semillas del tiempo. 2000

[7] Judith Butler. El género en disputa. Ediciones Paidós

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Realizó estudios de derecho en la Universidad de Cartagena y la Universidad Externado de Colombia. Desde 2012 escribe en El Laberinto del Minotauro. Ha hecho colaboraciones para el diario El Espectador y para la revista Otras Inquisiciones. Es autor del poemario inédito Las cenizas de la luna.

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