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¡HEY, ESTE NO ES UN CUENTO FANTÁSTICO! (De Kryptonitas y Murciélagos)

A Madre, quien me regaló el primer libro,
el primer cómic, el primer Todo.

Bruce: Nadie puede obligarte hacer
algo que no quieras Clark.

Clark: No son los viejos tiempos,
Bruce… En el mundo no caben…
Las cosas son así Bruce, tarde o
temprano alguien me ordenará que
te detenga. Alguien con autoridad.
Cuando eso ocurra…

Bruce: cuando ocurra, Clark…
Que gane el mejor.

Frank Miller
(Batman: The Dark Knight Returns)

Cuando desaparezca… Cuando ya no esté para protegerlos
de los científicos locos, de los monstruos y de sí mismos…
¿Podrán sobrevivir a sus propios impulsos autodestructivos?
Grant Morrison
(All-star Superman)

¡Hey, este no es un cuento fantástico y el narrador se ha ido a almorzar! Imaginad una banca en la acera de una turbulenta avenida rodeada de rascacielos con sus ventanas polarizadas. Olor a gasolina, a perfume barato, a basura, a alcantarilla, en otras palabras, huele a lo que huelen nuestras ciudades sub-americanas, a desconsiderada cotidianidad. Visualicen automóviles de todas las épocas, modelos y colores. A los más fantasiosos les digo que tienen la libertad de meter en la avenida un tanque de guerra ruso, un trasatlántico o un avión Hércules. Entre más absurdo e inverosímil imaginen los objetos y las situaciones que rodean a la banca, estarán contribuyendo a engrandecer su historia. Tienen derecho a pensar en transeúntes con cara de reloj o cara de hamburguesa, arañas manejando taxis, pandillas de ballenas y tiburones montados en sus Harley-Davison, ancianas con indumentaria punk, soldados con máscaras de Carl Marx apuntando con sus lanza burbujas, indigentes bien vestidos con cadenas de oro y bolsillos llenos de billetes y tarjetas de crédito, vendedores ambulantes ofreciendo baratijas invisibles; predicadores, sacerdotes, rabinos, haciendo malabares con la biblia, el Corán, el Tao Te King, el Feng Shui y el Baghavad gita en los semáforos. Piensen en lo que les venga en gana, menos en esculturales mujeres fatales con vestidos rojos ceñidos, labial carmín y cabellos dorados, son perfectas para esta historia pero no queremos que una lluvia de bala acabe con la vida de nuestros protagonistas, esta clase de mujeres siempre suelen venir con problemas calibre .45 Tampoco piensen en intelectuales, artistas conceptuales, periodistas, aristócratas o activistas, usan una jerga que me confunde y para ser sincero, no quiero que esos ociosos con algunas lecturas de más, vengan a decirnos cómo debemos contar esta historia ahora que el narrador se ha ido a almorzar.

Exceptuando a la mujer y a los engreídos, pueden saturar los alrededores de la banca hasta con escenas de películas tipo B (sé que alguno será capaz de fantasear un juego de póker entre Dark Vader y King Kong o un juego de ajedrez entre Simón Bolívar y Richard Nixon). Hagan lo que quieran según sus convicciones ¿les estorban los edificios, las avenidas con su bullicio y los transeúntes? Pues sueñen arboles gigantescos, un rio caudaloso y cientos de monos saltando entre las ramas. Pero siempre recuerden que ahí está la banca, inmaculada entre los escenarios y las circunstancias que le imponga el lector. La banca no la toca nadie y para que no se atrevan a ensuciarla con características que no posee, diré que es de madera y acero. Tiene 34 tornillos y 32 tuercas. Es de color verde y en su espaldar tiene pintada con aerosol rojo la palabra Basquiat (que no sé qué significa. Pero si les gustan las palabras Jarry, Duchamp, Artaud o Manzoni bien pueden visualizarla en el espaldar).

Después de todo este blablabla, miren quién viene ahí con su uniforme de oficinista, una pequeña maleta de cuero negro y una mirada de derrota, es nuestro segundo protagonista (no olviden que la Banca es el primer protagonista). Trata de cruzar la avenida, pero todas esas máquinas bulliciosas que el capricho del lector inventó, casi se lo impiden. Trata de cruzar el río caudaloso, pero todas esas corrientes que el capricho del lector inventó, casi se lo impide (¿se dan cuenta que complazco a los dos tipos e imaginación, incluso ahora, a una tercera?). Trata de cruzar la galaxia, pero todos esos meteoritos y agujeros negros, que el capricho del lector inventó, casi se lo impiden. Después de varios sobresaltos nuestro protagonista, que en algunos momentos se llamará Superman y en otros Oficinista, logra pasar la avenida o el río o la galaxia, y se sienta en la banca. Suelta un suspiro y abraza la maleta.

Pido que lo olvidemos por unos segundos y miremos a la mujer disfrazada de león que sonríe mientras cruza por el andén en su monopatín. Es joven, ágil, dulce, hermosa e inocente. Quizás me esté equivocando, pero desde que la vi me gustó y quiero pensar que posee todos estos atributos. Pesa 60 kilos, mide 1,69 cm, es una piscis, le gusta el helado de mandarina y arequipe, no tiene novio, cada viernes sale a pasear con su disfraz de león en el monopatín y lee el tarot mientras toma el café que le prepara su abuela. Sería perfecta sino fuera porque tan solo pasaba por aquí y no tiene nada que ver con nuestros protagonistas y me fijé en ella por esa belleza exótica que deslumbra dentro de ese curioso disfraz de león. ¡Adiós hermosa! (aquí aparece una de esas caritas tristes 🙁 ).

Nuestro tercer y último protagonista viene vestido con un bombacho azul sucio de grasa, lleva un destornillador de estría con mango de caucho amarillo y una sonrisa de muchacho optimista. Nunca ha cruzado la avenida, el río o la galaxia porque siempre ha estado de este lado de la acera. En algunos momentos se llamará Batman y al otro Mecánico.
Quiero dejar claro que desde el momento en que estos dos personajes dispares se conozcan, será poca mi intervención en los asuntos que a ellos concierne. Batman o Mecánico se sienta en la banca e inicia un soliloquio ignorando la presencia de Superman u Oficinista, quien también comienza a murmurar sus propias desfachateces. No se preocupen, yo estaré aquí sentado en primera fila para ofrecer detalles o responder cualquier pregunta.

Batman: El Phister macrocephalus es una especie de mamífero marino del orden Cetacea del suborden Odontoceti, que posee el cerebro más grande que cualquier otro animal existente. Un macho puede crecer hasta 20,5 metros de largo…

Superman: ¡Un diptongo es la unión de vocales en una misma silaba!

Mecánico: Es el animal dentado más grande que existe. La cabeza puede llegar a un tercio de la longitud total del animal. Se alimenta de calamares y peces, sumergiéndose a profundidades de hasta tres kilómetros, lo cual lo convierte en el mamífero que se zambulle a mayor profundidad.

Oficinista: ¡Un hiato se produce cuando dos vocales en contacto pertenecen a distintas silabas!

Batman: La columna vertebral está conformada por 49 vertebras con cuatro secciones distinguibles: cervical, torácica, lumbar y caudal.

Superman: ¡La alexia es una perturbación de la lectura, como consecuencia de una lesión cortical del área posterior de la zona del lenguaje, sin que se den perturbaciones en el aparato visual!

No me miran así, no tengo nada que ver con esto. Yo tampoco me esperaba que estos dos llegaran a ese extremo de rareza. Si soy sincero, no he entendido nada de lo que han dicho. Superman-Oficinista con una expresión tan trágica que hace pensar en un Rodin, y Batman-Mecánico tan feliz y optimista que recuerda a un Smile. Ya veo que se miran con ironía al escucharme nombrar a Rodin, yo que soy un ignorante. Pues sépanlo, una vez fui al museo y la profesora me jaló las orejas por pegar un chicle en una de esas pretenciosas esculturas. Me gritó delante del guía y mis compañeros. Como ven, después de eso es imposible olvidar a Rodin y a la maldita vieja. Tenía 13 años y era muy común encontrar en los museos de mi ciudad imitaciones de Rodin. Como sea, nuestros dos protagonistas me producen pavor con esa manera de hablar.

Oficinista: ¡Una africada es una consonante en cuya realización intervienen un momento oclusivo y otro fricativo!

Mecánico: su cerebro es más grande que el de cualquier animal moderno o extinto, pesando un promedio de 8 kilogramos. Sin embargo, no es muy grande en proporción al tamaño del cuerpo. Tienen un cociente de encefalización más bajo que los grandes simios y muchos menor que el de los humanos.

Superman: ¡La agrafía es una perturbación de la escritura como consecuencia de una lesión cortical, independiente de toda perturbación motriz!

Batman-Mecánico se levanta sobre la banca y muestra el destornillador de estría.

Batman: ¡Soy hijo de un Physeter macrocephalus!

Superman-Oficinista, todo este tiempo indiferente de la presencia del mecánico, abre su maleta, saca un zapato (como al lector ya se le han concedido ciertas libertades, puede imaginar que lo que el oficinista saca de la maleta es un juguete, una foto o un chuchillo), se levanta sobre la banca y sosteniéndose de forma cómica para no perder el equilibrio, golpea a Batman-Mecánico.

Oficinista: ¡La magia es la ciencia y el arte de hacer que se produzca el cambio en conformidad con la verdad!

Mecánico: ¡Señor rostro de Phascolarctos Cinereus, no crea que esta afrenta se quedará olvidada como un plato con humeantes huevos y tocino recién servidos!

Superman-Oficinista lanza su maleta a la avenida o al río o a la galaxia. Saca la lengua, cierra los ojos como un guerrero Maorí y vuelve a golpear a Batman-Mecánico. Todo en la expresión facial del Oficinista indica que un cambio se ha producido en su interior.

Batman: ¡Phthiratera chupa sangre! ¡Le declaro la guerra y desde este momento le digo que esta banca me pertenece!

Superman: ¡Esta banca pertenece a los leucocitos que naufragan en mi torrente sanguíneo!

Mecánico: ¡Hitler ganó la tercera guerra mundial de las almohadas! ¡Yo ganaré la guerra Dadá de la banca con el grafiti de Basquiat!

Sí, lo sé, esto no tiene sentido. Pero qué esperaban. Superman u Oficinista es un demente. Batman o Mecánico es un ingenuo amante de la zoología. El narrador se fue a almorzar y yo soy un…

Oficinista: ¡Las ecuaciones lineales y las ciudades alveolares solo pertenecen a los esclavos y yo soy un esclavo del sistema!

Stop! Detengamos la historia y miremos quién viene de regreso. ¡Es ella! Es joven, ágil, dulce, hermosa e inocente, pesa 60 kilos, mide 1,69 cm, es piscis, le gusta el helado de mandarina y arequipe, no tiene novio, cada viernes sale a pasear con su disfraz de león en el monopatín y lee el tarot mientras toma el café que le preparó su abuela. Me quedo hipnotizado y ella se va sin saber que es una hermosa ficción coherente en medio de esta horrible ficción caótica y estúpida. Adelante, que continúe rodando el rollo de la película ( 🙁 ).

Batman: ¡La ciudad de uranio besa a los dioses de plutonio y la gran explosión pronto acontecerá en esta banca!

Superman: ¡La Ruleta rusa de lo irracional impactando contra el occipital de la realidad! ¡Lenguas de fuego pilotean el Enola Gay, y soltarán sobre ti a Little Boy y sobre mí a Fatman!

Batman-Mecánico se lanza contra Superman-oficinista y caen de la banca a la turbulenta avenida o al caudaloso rio o a la inabarcable galaxia. Los transeúntes detienen su marcha y observan la escena.

Oficinista: ¡Soy un hombre como cualquier otro que desea suicidarse con una mujer de Kryptonita!

Mecánico: ¡Maldito Phyllobates terribilis, sacerdote de los que toman la batracotoxina para ver al dios sapo!

Sí, sí, sí. Esto perdió su coherencia hace dos páginas, pero en un principio les dije que el narrador salió a almorzar y yo no soy lo que llaman un hombre con una gran imaginación.

Batman: ¡El tetragrámaton de esta ciudad se encuentra en sus rincones más oscuros!

Mierda, escucho pasos… ¡Es el narrador, ha regresado de almorzar!

Superman: ¡Quiero irme de vacaciones al asteroide B612!

Mi nombre no importa. Esta historia, mucho menos. El narrador está a dos segundos de atravesar esa puerta y nuestros protagonistas se dan puños y se insultan con toda clase de palabras que yo ni fu ni fa, y para evitarme una golpiza del narrador, iré dándole punto final a esto porque no soporto que esos dos se peleen por un objeto que primero era de dominio público y ahora propiedad privada compartida. Entonces aparece una mano gigante que baja del cielo y arranca la banca y se la lleva (como ven, sí es posible meterse en el relato siendo de carne y hueso). Todos corren asustados, excepto Superman-Oficinista y Batman-Mecánico, que se abrazan mientras lloran en la avenida o el rio o la galaxia.

Mecánico: ¡Réquiem por la banca solitaria en medio de los infiernos de cemento y electricidad!

Oficinista: ¡Réquiem por la única que me recibió después de la odisea del que intenta cruzar las avenidas de la postmodernidad!

Y todo desaparece. Toda la ciudad con sus avenidas, sus rascacielos con ventanas polarizadas, sus extravagantes transeúntes imaginados por el lector (habitantes con indumentaria futurista en una metrópolis Sub-americana del siglo XXI). Todo desaparece como si jamás hubiera existido (incluso desaparece la hermosa en monopatín con disfraz de león). Quedan nuestros dos protagonistas en la hoja en blanco tal cual como los encontré, cuando mientras barría uno de los pasillos, vi la puerta abierta y comprendí que el narrador se había ido a almorzar y decidí que si él podía contar una historia, yo, en honor al olvido, también lo podía hacer. Ahí quedan esos dos como un esbozo que quizás nunca llegue a tener vida. Pero… quién soy yo para juzgar… solo soy un maestro en el arte de barrer y trapear, un rey de la limpieza de pisos, ventanas, inodoros y lavamanos. Un conserje que sueña mientras limpia, un maldito hombre sin una gran imaginación. Les dejo claro a todos los que participaron en esta efímera obra colectiva, que los verdaderos nombres de los personajes son oficinista y mecánico, solo que me pareció divertido también llamarlos como dos de los superhéroes favoritos de los niños del mundo. Me despido. Ahí está el narrador con su pluma de escritor y su barriga llena después del almuerzo.

(El narrador entra y encuentra al conserje barriendo su estudio. Lo mira con desconfianza y le pide que salga con antipatía. El conserje lanza una última mirada a la hoja sobre la mesa del escritor y sale. El narrador se sienta en la mesa, toma la hoja, lee los dos nombres y se golpea con reproche el entrecejo).

Narrador: ¿Oficinista y Mecánico? En qué demonios estaba pensando…

(Y arrugando la hoja, la lanza en la caneca, mientras coloca sobre la mesa otra impecable hoja en blanco.)

EL SEÑOR UNDERGROUND

07-08 Septiembre 2014

 

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