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ARTAUD-SPINETTA-ARTAUD: LOCOS FELICES EN EL CEMENTERIO CLUB

En los 68 años del nacimiento
De El Flaco Spinetta

I

(Por)
Hay tantas maneras de llamar al acto creativo: cadenas de espíritus sentados en un auditorio esperando el grito de la boca solitaria y desgarrada: Noche prematura de sombrillas abandonadas en el puesto de atrás de un autobús: adverbios escritos en una hoja arrugada debajo de la mesa de un profesor de primaria. Hay tantas maneras de llamar a la creación, pero sin importar los bautismos con agua o con fuego, la creación más hermosa es aquella que es sincera y nace de una necesidad interior: una conmoción de cada átomo del ser.

II

(Superchería)
Imagino a El Flaco meditando en su laberinto de soledad. Un pez rabioso al que sus compañeros han abandonado por incomprensión o por temor a las ideas colosales que han empezado a germinar en sus gestos y en sus palabras.
El mundo está de cabeza y él está inconforme. Esta nueva verdad de la que es dueño no puede ser expresada con eufemismos y es necesario crear nuevos caminos para que pueda transitar ese nuevo sentir, ese no sé qué.
Su cuerpo ha empezado la metamorfosis. Sus dedos al tocar la guitarra emanan una energía desconocida. Su voz es una pluma que se eleva y mira al mundo desde las alturas: es una pluma llena de ojos y sensaciones.
A veces duda, pero sabe que nació para esto y es demasiado tarde para arrepentimientos. Sospecha que el universo musical que lo habita será el padre de muchos mundos y corrientes por venir.

III

(A Starosta, el idiota)
Imagino a Artaud en una puesta en escena en la que todos los hombres del mundo lo miran conmocionados. El ofrece sus entrañas enfermas a cada uno. Hasta que el último hombre no recibe un pedazo de sus vísceras, no deja de gritar y hacer muecas. Es el hombre más testarudo en el universo (posee la terquedad poética de un genio).
Cuando queda en huesos se calma. Arranca dos de sus costillas y empieza a golpear con ellas el aire. El sonido es ensordecedor y asusta a la humanidad. Todos empiezan a implorar a sus dioses y ven como los pedazos de entraña que llevaban en sus manos se convierten en hombres en miniatura, que no son otra cosa que nuevos Antonin Artaud de carne y hueso. Todos los Artaud gritan: ¡Okl me akfé náq!
Se produce un silencio de pesadilla y se cierra el telón.

 IV

(Cantata de puentes amarillos)
Llegué a Spinetta por Artaud y no al revés. Lo venía leyendo desde la adolescencia y todo lo que se relacionaba con él me interesaba. Al enterarme que un músico lo había homenajeado quise poner a prueba ese homenaje. La primera vez que escuché el álbum me decepcioné. Mi error fue ir a buscar el alma de Artaud en las canciones, cuando lo que debía buscar era el alma de Spinetta. Por esos años solo soportaba a un puñado de escritores argentinos, los demás artistas con esa nacionalidad me tenían sin cuidado (lo curioso es que un argentino, Ernesto Sábato, con su novela “El túnel”, me llevó a conocer al maravilloso Van Gogh. El pelirrojo me llevó al incomparable Artaud y este último me llevo a Spinetta).
El álbum era y es un verdadero homenaje porque no quería usar las palabras de Artaud, ni sonar como él, en realidad es una obra creada a partir de la experiencia explosiva de leer la obra y conocer la vida del padre del Teatro de la Crueldad. Puedo imaginar todas las emociones del Flaco al leer las páginas que hablan de una monstruosa transformación del mundo y de la forma en que se vive en él. Los poemas, manifiestos y cartas de AA producen un deseo aterrador de vivir la vida desde perspectivas que estén por encima de las apariencias. Spinetta supo aprovechar esa conmoción y la descargó en sus poemas y la guitarra.

V

(Las habladurías del mundo)
¿Quién le dio al pequeño dios el cetro gris del abismo? ¿Quién le dio al pequeño dios el cetro gris del abismo? ¿Quién le dio al pequeño dios el cetro gris del abismo? No estoy atado a ningún sueño ya… las habladurías del mundo, no pueden atraparnos… No estoy atado a ningún sueño ya… las habladurías del mundo, no pueden atraparnos… No estoy atado a ningún sueño ya… las habladurías del mundo, no pueden atraparnos… Sube al taxi nena, los hombres te miran, te quieren tomar… Sube al taxi nena, los hombres te miran, te quieren tomar… Sube al taxi nena, los hombres te miran, te quieren tomar… Siempre soñar, nunca creer, eso es lo que mata tu amor. Siempre desear, nunca tener, eso es lo que mata tu amor. Lo mismo da morir y amar… … Siempre soñar, nunca creer, eso es lo que mata tu amor. Siempre desear, nunca tener, eso es lo que mata tu amor. Lo mismo da morir y amar… Siempre soñar, nunca creer, eso es lo que mata tu amor. Siempre desear, nunca tener, eso es lo que mata tu amor. Lo mismo da morir y amar…

VI

(Cementerio Club)
Cementerios para una última sonrisa. Dioses del abismo escondidos en un cenicero. Mujeres que aman con la condición de las botellas rotas. Encuentros inesperados. Morir en el mismo instante en que se piensa en la amada. Soles recorriendo los nuevos espacios de la mente. Puentes extraños al ocaso, puentes amarillos desdibujados. Una multitud de cabezas supersticiosas persiguiendo a un chicho y a una chica que nacieron agarrados de la mano. A nadie le importa que este sea el final.

 

VII

 (La sed verdadera)
Cuando se es un visionario se puede hablar con autoridad y acusar a los demonios. Spinetta sintió la necesidad de un cambio poético-musical en un momento de crisis en el rock. En su manifiesto “Rock. Música dura. La suicidada por la sociedad” (en el que se ve con más evidencia la influencia de Artaud en cuanto a criticar el sistema), evidencia un profundo dolor e inconformismo con el rumbo del rock (para él la música debe explorar los abismos del ser, libre de la manipulación de la industria y de las bandas que caen en los lugares comunes por el miedo a experimentar). Este manifiesto es un hermano siamés del álbum y evidencia la madurez y lo vanguardista en la creación de Luis Alberto Spinetta.

VIII

(Bajan)
Nena, te he visto y me has visto en la calle. Me gusta tu enigma, tu manera de creer que no me gustas. Te he visto al atardecer caminar afanada mirándome de reojo. Sé que piensas que soy un tonto. Sé que piensas que esta declaración de amor no es para ti, pero por muchas razones no puedo dejar que sepas que me tienes loco. Quisiera llenar la ciudad de pistas, para que incrédula me buscaras e incrédula me encontraras bajo el árbol de libros. Nos besaríamos mientras baja la vida, mientras baja el sueño, mientras baja la esperanza, mientras bajan todas las revoluciones. Nena (sé que odias que te diga nena) vamos a beber una cerveza mientras la ciudad se empieza a iluminar o termina de arder… cuando leas esto quiero que sientas que lo escribí para ti. Me gusta mucho tu indiferencia, tu soledad… En la noche del 23 de Enero Artaud y Spinetta cantarán para nosotros…

IX

(Todas las hojas son del viento)
Artaud es un álbum de cabecera, una obra de ruptura, precursora por donde se le mire. Artaud es un canto al sueño y a la vida. Spinetta es un poeta que jamás morirá mientras el espíritu rebelde de las generaciones cante y transgreda el orden. El corazón negro de las ciudades Sub-Americanas siempre estará agradecido con El Flaco y sus experimentos. Su música siempre será como un mantra que nos recordará que la verdadera muerte del hombre llega cuando deja de soñar (y será muy difícil que la muerte del espíritu nos escupa, si en el ruido de fondo suena algunas de sus canciones).

 

 El Señor Underground.

 

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