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CARIMAÑOLAS Y BUTIFARRAS PA’ LA NIÑA TULIA

Esta es mi ciudad. No sé qué habréis oído por ahí, pero es  mía.

                                    La encontré gimoteando y cubierta de mierda, y la adopté.

John Constantine (Mike Carey)

1

¿Es un riesgo el poner a secar la tinta de mis poemas en las aceras de una ciudad que recién ha descubierto  que alguna vez tuvo una voz para protestar? A pesar del letrero gigante que dice “Apoyamos toda expresión del alma y el ser”, algo en mis bolsillos me dice que tanta amabilidad esconde unas ganas de apalear y quemar como en los tiempos de la inquisición. Últimamente todo es confuso y un acto solitario y sincero puede ser malinterpretado. La jauría tonta de este país grita: ¡Estás con nosotros o eres fosa común! Siento tener que decir que no estoy con ustedes, ni conmigo mismo y al fin de cuentas todos somos NN en la fosa común del tiempo y el olvido. Este aburrimiento es demasiado grande como para no saber cuál es el final.

2

Hace dos noches encontré en las playas de Marbella a un viejo haciendo una fogata. Había caminado desde las Tenazas buscando fuego para prender un cigarro. La avenida Santander estaba desierta. Al acercarme, el viejo me sorprendió con una voz cortante al decir: “cuidao joven, este es el funeral mediático”. No entendí sus palabras y pensé que la marihuana lo hacía alucinar. Le pregunté si podía regalarme candela para prender un cigarrillo. Volvió a decir: “¡cuidao joven, este es el funeral mediático!” y agregó “Los tres dioses de este siglo mueren en manos de mi piromanía”. La escena desde la avenida o los edificios podía interpretarse como de mal gusto o típica entre los adictos marginales de la ciudad que a esa hora andan por las playas: dos indigentes hacen una fogata para drogarse y luego calentarse. Cuando iba a dar la espalda para alejarme decepcionado, miré la fogata y consternado ante lo que vi en el fuego, me senté en la arena. Entre las llamas ardían un televisor, un computador y un celular. Sus pantallas resplandecían con escenas intermitentes de futuras guerras, nuevas religiones, increíbles modas suicidas y novedosas maneras de opresión y represión de un monstruoso sistema político emergente. Todo aquello me pareció una pesadilla. El viejo con la mirada perdida en el oscuro oleaje, que a esa hora chocaba contra los espolones sucios de mierda y de condones usados, dijo: “La trinidad mediática. Mi mujer amarrada las 24 horas al televisor, viendo novelas, realitys y noticiarios de performance tragicómicos. Mi hijo frente al computador descargando toneladas de pornografía y viendo asesinatos en directo. Mi hija, mi hermosa hija, con su celular mandando fotos de sus teta y su culo a cualquier extraño que se lo pida en alguna de sus virulentas redes sociales”. Los tres elementos que se consumían en las llamas se retorcían de dolor como los hombres. Aquello iba más allá de los grotesco y la locura. Arrugué el cigarrillo y me desmayé en la arena. Desperté en la mañana con un puntapié en la costilla y los gritos de dos cerdos motorizados vestidos de verde que me amenazan con encerrarme en el calabozo si no me largo del sector. No había rastro del pescador, ni de la fogata, pero me sorprendió que hubiera un rastro de mí a esa hora absurda en que todos iban desgraciados a trabajar. Imaginé que me veía como si acabara de salir del infierno y solo desee haber desaparecido del mundo como lo hizo ese extraño sueño o pesadilla.

3

Callejones de la peste, me he encontrado vomitando cientos de veces en ellos. Son dinámicos y van donde quiero o donde los necesiten mis borracheras. Callejones de la peste llenos de balcones donde abuelitas degolladas se retuercen felices en sus mecedoras de hueso. El tuerto López sabe que no voy por ahí hablando de mis pesadillas con todo el mundo: veo fantasmas con el rabillo del ojo y leo cadáveres en donde otros ven que escriben poemas y cuentos (Este texto no es más que otro cadáver de palabras).

4

Una de estas mañanas despertaré y no encontraré mi casa. Siento un profundo desprecio por la vertiginosa desaparición de los espacios que eran el vínculo con mi infancia. Un parpadeo de un instante es la completa destrucción de todo cuanto llamamos nuestra ciudad, nuestros sitios habituales de aniquilación. Hay días en los que me siento extraviado entre las nuevas edificaciones y necesito una señal o un gesto que me recuerde que estoy en Yellow Hell City. Esta es una ciudad de arquitecturas fantasmas y fotografías de ensueño.

5

Nos están matando. El aire de los Transcaribes está envenenado. Las butifarras ahora son hechas con abortos y la carne del monstruo que encontraron en la ciénaga de la Virgen. Nos están matando. Una palenquera me persigue con un machete. Día gris. ¡No están matando, marica, nos están matando y no nos damos cuenta!

6

-¿Qué piensa de la gentrificación en Yellow Hell City?
-¿Qué puede importar lo que piense un pedazo de carne pretenciosa, acaso con mi opinión podré cambiar algo?
-Al mundo le interesa…
-Ese mismo mundo que te jode…
-Cuéntenos ¿qué piensa hacer con toda esa pólvora y dinamita en su cerebro?
-¿Qué se puede hacer con pólvora y dinamita mojada? Solo soy un peligro para mí mismo.
-Todos piensan lo contrario… Algunos hasta sospechan que dentro de algunos años se consagrará.
-Es una bobada. Antes que eso pase, me verá reventando mi frente contra un andén o contra la muralla…
-Tenga cuidado, con esa frente puede derribar cualquier cosa de este planeta.
-Disculpe que se lo diga, pero no sé con quién cree que habla… no soy un profeta, no soy un mesías y mucho menos un caudillo… Soy el imbécil que cometió el error de escribir su desasosiego y recitarlo una noche de borrachera.
-…
-Esta es una ciudad malditamente insignificante y aburrida, que ve en todo lo absurdo un motivo para el escándalo y la fiesta…
-¡Esa manera de hablar le gusta a los jóvenes!
-Los jóvenes… toda mi vida me he sentido viejo. Siempre he pensado que la juventud es un desperdicio, un carnaval de falsedad y decepciones…
-Cuénteme ¿qué se siente nacer en la ciudad que es la cara linda del caribe?
-¿Una resaca? ¿Ganas de vomitar? Esta ciudad es otro cagadero del caribe… un moridero al que si le quitaran sus falsos monumentos y sus sucias playas, no tendría un turista que quisiera visitarla.
-No debería hablar de esa manera sobre su ciudad…
-No sé qué espera escuchar…
-Algo bueno sobre usted, sobre la ciudad y sus habitantes…
-…
-¿Qué sucede?
-Nada, no pasa nada… periodista maricón… ¡déjame en paz!
-¡Ya verá cuando la gente lea lo que escribiré sobre usted!
-¡Tú y tu periódico se pueden ir a la mierda!
-¡Usted es un desadaptado de pensamientos oscuros, un talento desaprovechado en pesimismos y resentimientos!
-¡Gracias, maricón!

7

Escribo estas líneas sentado en un parque de la periferia, en un barrio en el que dicen que si te descuidas te atracan. Puede que sea verdad, pero solo tengo media cajetilla de cigarrillos, un yesquero y un libro de Rimbaud (el libro es lo único de valor que cargo y no precisamente porque sea una edición cara, es nada más y nada menos que mi traducción favorita de Une saison en enfer). Todos me miran con ojos de “este no es de por aquí” o “este es como loco”. El nativo de Yellow Hell City no soporta acontecimientos que rompan su cotidianidad, él solo quiere una vida monótona. Puede que no haya  en el planeta  personas más amables que las que viven en esta ciudad, pero cuidado, sus opiniones y sus prejuicios son la pendejada más grande: el chisme aquí es una bolita de nieve que va creciendo (con estos calores, la palabra nieve es un mal chiste, por eso es válido pensar en que el chisme es una bolita de mierda apestosa que va creciendo mientras va bajando por la Popa). En cualquier momento alguna señora en bata o algún señor se acercará y me dirá: “Mijo, tú no eres de por aquí… ten cuidado… lo mejor es que te vayas a escribir a otro lado, por aquí hay gente pesada”. Yo diré gracias y me marcharé para evitar ser un estorbo en sus aburridas vidas (debería estar agradecido por su preocupación pero es decepcionante lo que se encuentra debajo de esa amabilidad).

8

¡Mierda, ahí vienen la Niña Tulia, María Calado, María Piña, María moñito… las reinas del chisme!

9

No tengo algo en contra de los fritos de Donde Magola, pero de ahí lo único que me gustan son las salsas. Ese es el propio parche para burguesitos que buscan “comida limpia y de confianza”. Solo voy invitado y no sin poner peros. El que sabe de fritanga reconocerá que son caros y desabridos. Si  me dices que te gustan los fritos y solo los comes en ese lugar, déjame decirte que nunca en tu puta vida has comido lo bueno. El verdadero mama-fritos no tiene reparos en experimentar y buscar de mesa en mesa la carimañola y la papa rellena ideal. Entre más lejos se encuentre del centro histórico la mesa de frito, la sabrosura va mejorando. Buscando arepas con huevo y empanadas, he tenido acceso a sectores maravillosos de la ciudad. Chicha de arroz o jugo de corozo servidos en botellas de gaseosa o en bolsita de cubeta, nojoda, tanta belleza me dan ganas de llorar embutido de papa rellena con carne y huevo… Jajaja… Eso me recuerda que debo escribir algún día un pequeño itinerario de la sabrosura: una guía de mis lugares favoritos para comer (mi glotonería es exigente, aunque no necesita de grandes manjares para quedar satisfecha).

Pd: si creen que soy un comelón de fritos, no han conocido a mi mujercita: se come dos arepas con huevo “para ver si están buenas”, una papa rellena “para ver si son como las de mi mamá”, dos carimañola “porque están bien friticas” y una empanada “porque se ve que es de maíz-maiz”. Jajajaja 

 10

Mi ciudad…
La pequeña Yellow Hell City
Nadie sabe un carajo de nuestro tormentoso amor
Callejón sin salida…
Un agujero de mil soles al medio día frente al mar
Te veo revestida de magia y misterio
Tus esquinas con ladrones y putas son una hermosa postal
Vendedores ambulantes venidos del cielo
Maternidad de los sparrings y su jerga angelical
La rebelión brilla en los suburbios
Y no me quiero despertar…
No voy a seguir escribiendo
¡Ciudad hijueputa!
¡Vete a la mierda!
¡Te amo Yellow Hell City!
Jajajajajajajajajajajajaajaja…

EL SEÑOR UNDERGROUND

Fotografías de REINER MORALES E.


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